Apuntes del PyCamp 2011

Casi se hizo jueves y todavía no escribí nada sobre el PyCamp. Roberto Alsina se va a enojar.

La excusa, vaga como yo, es que la devolución de uno de mis directores de tesis fue más hinchapelotas minuciosa que lo esperado. Así que para cumplir el objetivo tuve un amansador refactoring de 5pm a 6am cuyo resultado me permitió conseguir un lacónico:

Recibido, pero recién lo puedo ver el viernes

Inmediatamente demostré que el lenguaje soez en arameo es un conocimiento latente.

A modo de intro

El PyCamp es un encuentro de la comunidad Python Argentina. Monos (y pronto monas) con laptops afiladas se juntan en el algun rincón del país con internet, preferentemente lejos de las grandes urbes (para darle énfasis a eso de camp) a programar software libre, hackear de lo lindo, jugar jueguitos electrónicos y de los otros, tomar y beber en bucle continuo y hacer cuanto le plazca a cada uno, en un ambiente totalmente inclusivo, distendido y buena onda.

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Python Argentina abarca el amplio espectro que va desde programadores reconocidos internacionalmente (gran parte de ese Ubuntu que seguro estas usando — o deberías — lo hacen pythonistas argentinos) hasta "newbies" que se anotaron en la lista con el único y nada despreciable objetivo de callar al amigo que ya sabe un poco más y no para de hincharle para que use Python (resulta que a los pocos dias, el (ex)newbie ya está molestando a un tercero).

Esa población tiene fiel reflejo en el PyCamp, pero grosos y finitos tienen las mismas posibilidades de proponer, opinar y divertirse. Por supuesto, es impagable lo que se aprende y son increíbles las cosas que hacen los geeks cuando están divertidos.

De estos encuentro salieron proyectos como Cocos2d, la CDPedia y lalita.

Mi experiencia

El PyCamp 2011, el cuarto consecutivo, se realizó en La Falda y fue el primero en el que participo. Sabía, por referencias, fotos y repositorios, de qué se trataba, pero como dice el adagio... del dicho al hecho ....

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Nati tenía un congreso de germanística en Buenos Aires y después se iba a La Plata a visitar a una amiga, así que las opciones eran ir a la marcha el jueves (24 de marzo) y cuevanear el resto del finde o sumarme a la movida. Perrito ofreció movilidad así que lo tuve servido.

Salimos el jueves a la mañana y con nosotros venía Malev y el organizador del evento, de pie señores, Nueces.

A lo largo de los 4 días de PyCamp, participé en la CDpedia (mejoré la funcionalidad de "artículo al azar" y estuve haciendo unos benchmarks de optimización en el peso de las imágenes), amagué con un filtro para Pep8fy que dejé medio inconcluso, comí al menos el doble de lo que venía comiendo (bien la comida, che!), jugué mi primer sesión de rol guiado por el señor ordenador (Alecu, un maestro!), malabareé con las bolas (las de malabares) de Humitos, presencié en vivo la gestación de un delirio mágico de Roberto Alsina, me metí a la pileta y tomé sombra, perdí 0-5 0-5 los dos partidos de metegol y me cagué de risa igual con mi coequiper (¡fiesta!), escribí "puto" (con onda, Lipe) desde un android con un librería para multitouching que estos bestias hicieron en una tarde, quedé pasmado con el vuelo de la discusión sobre los motivos (y posibles acciones correctoras) de la baja participación femenina en Python y el Software Libre en general, bebí vino, fernet, cerveza y mistela (me colé en un contingente más adelantado que el nuestro en la excursión del Hotel Edén, y después me volví con Flecox a ver el partido de Argentina), jugué con Tato (el pythonista más peque del encuentro, hijo de Roberto Alsina) y me enternecí viendo a otros geeks (Huguito — Pilas rulez! —, John, Achuni, todos) jugar como niños.

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Detalles faltan pero estos someros recuerdos sobran para afirmar que el balance es positivísimo.

Una reflexión final

PyCamp contrasta totalmente con los grises, aburridos y mediocres congresos académicos que en el ámbito universitario se difunden y en los que alguna vez he participado, donde los papelitos cuentan y donde (casi) todo se vuelve una ficción impulsada por la inercia y la necesidad de "publicar" (no importa mucho que), para mantener la beca, el statu quo y el viático.

En PyCamp no se piden papeles ni se aplauden corbatas, la gente se llama por el sobrenombre y no por el título, se admira el conocimiento pero más se festeja su colectivización, y eso lo saben (y lo disfrutan) los picantes y los tiernitos.

Cuanta falta le hace a la universidad visiones y experiencias como esta.


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