Las cosas chiquitas que cambian el mundo

Nota

Tengo dos weblogs. Este es en el que escribo artículos técnicos o que tienen que ver de alguna manera con mi profesión. Textos y pretextos es igual de personal, pero me sale —me sale cada vez menos, tristemente— de otras tripas, quizás para otro público.

Sin embargo, quiero hacer una excepción con este post, porque probablemente tenga más alcance aquí y es algo que me atraviesa todas las facetas: las ganas de hacer de este que pisamos, un mejor mundo.

Desde el 2005, a las poquitas semanas de haberme venido a vivir a Córdoba, hasta no sé que día del 2012, cada sábado de todas las semanas del año, me tomé dos bondis (o uno, cuando me iba a pata hasta el centro), para llegar a Campo de La Ribera. Mazamorra, la agrupación, fue mi espacio de militancia, mi usina de amistad, mi cobijo del dar y recibir. Sobre todo del recibir.

Nota

El dominio está caído, pero refloté un backup de la web acá

Enseñé a multiplicar, salté la soga, hice barriletes, leí cuentos, metí goles con pelotas improvisadas, los relaté, discutí mucho, reí mucho más, escuché, aprendí. Recibí el pan, el mate y el abrazo de muchas familias, en sus ranchos sin lujos, rebalzados de ganas de devolver amor con más amor. Fui payaso, serigrafista y amigo. Conocí niños que hoy, adultos, van a ser papás. Todavía nos vemos, conversamos, algunos vienen a mi casa de vez en cuando, a veces voy yo.

Muchos de esos compañeros y compañeras y, sobre todo, los vecinos y vecinas de Campo de la Ribera, siguen metiéndole el tiempo, el ingenio y el amor perseverante a esas cosas chiquitas, que son las que cambian el mundo.

Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.

—Eduardo Galeano

Durante muchos años, el anhelo de la organización fue tener un espacio físico, un lugar de encuentro en el barrio que permita no sólo mejorar las condiciones para realizar actividades (como el apoyo escolar o la copa de leche), sino profundizar la relación con los vecinos y su participación, que es, claro está, el objetivo primordial.

Por diversas razones organizativas o rispideces con los poderes fácticos del barrio (punteros/narcos), ese objetivo se fue postergando año tras año.

Pero ahora existe, es un sueño redondo y grande, que ya casi despierta: el Domo de Campo de la Ribera.

Hacen falta $15.000 (quince mil pesos) para terminar de techarlo y ponerlo en condiciones, para que en el 2015 se siga transformando, mejorando con fuerza, desde ese barrio de Córdoba, este mundo que pisamos.

Podés donar con tarjeta de crédito u otros medios de pagos desde esta página.

¡Lo que puedas será bienvenido!


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