Me cago en vos, AFIP

El lunes a las 8am empecé mis trámites de (re)empadronamiento al Monotributo. Recién a las 12hs pude saber que ese día fracasaría, porque las "pruebas" de mi domicilio fiscal no eran válidas.

El martes, flamantemente concubinado con Nati para que me sirvan las facturas a su nombre, después de esperar que el burócrata que te saca la fotito y te hace firmar en el sensor (datos "biométricos", le llaman, pomposos) se parara cada 5 minutos, jugara con el aire acondicionado a su espalda y mandara mensajitos por celular mientras la gente de la cola (yo incluído) se inflaba de rabia, pude obtener la inscripción y la clave, la rebuscada combinación alfanumérica "hola1234", que es igual para todos (podrían, ya que están, imprimirla en el formulario, cierto?).

Se suponía que con ese trámite de sólo 2 mañanas, al otro día (porque la era digital lleva su tiempo) podría terminar los trámites via web. Pero se suponía nomás, porque la plataforma virtual-> de AFIP no funciona con navegadores que no sean Internet Explorer. En Firefox (o cualquiera de los navegadores libres) uno hace click y el formulario nunca se envía.

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Esto es, por supuesto, porque está programada fuera de estándares. Vean qué boludez:

Element referenced by ID/NAME in the global scope. Use W3C standard document.getElementById() instead.

Este chorizo tira Firebug:

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Es un doble esfuerzo indignarse con los burócratas (que llenan formularios de papel o scripts javascript erróneos) y también con los que en la cola, indignados, bociferan en voz alta frases noventistas como "esto no va a mejorar hasta que lo privaticen", buscando alguna complicidad, imagino.

Pero me niego a naturalizar que las cosas del Estado deban andar mal. No sólo porque las pagamos entre todos (mucha veces, más de lo que valen) sino porque necesitamos un Estado que funcione para que todas las demás cosas funcionen bien.

El discurso (y el avance) privatizador, comprobadamente perjudicial para el pueblo, ya no tiene tanta cancha como antes. Pero es hora de que empecemos, como Estado, pero sobre todo como ciudadanos concientes de que lo necesitamos, a sanarlo, quererlo, exigirlo y fortalecerlo.


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