Quilombo: agentes para organizar la vida real
Mi profesión consiste, en buena medida, en ordenar cosas con ordenadores. Datos en tablas, funciones en módulos, tareas en issues, cables invisibles entre servidores. Puedo pasar una tarde discutiendo el nombre exacto de una variable y después entrar a mi taller y no encontrar una mecha de 8 milímetros aunque estoy seguro de que tengo tres.
La cajonera tiene ocho cajones. Cada cajón, veinticuatro compartimientos. Es decir: ciento noventa y dos oportunidades de guardar una cosa en un lugar perfectamente lógico que voy a olvidar media hora después.
Mi profesión son los ordenadores. Mi taller es un quilombo. Quilombo, entonces, es el nombre inevitable de este proyecto: una memoria para organizar las cosas del mundo físico y poder conversar con ellas a través de un agente.
La idea no es abrir una planilla para informar solemnemente que moví siete tornillos. Quiero decirle a ChatGPT o Claude «guardé los tornillos FIX de 35 mm en el cajón de arriba, junto a los tarugos» y, otro día, preguntar desde el teléfono «¿dónde había tornillos para madera?».
El ordenador, por fin, ordenando.